
Quien promete certezas, mete miedo o cobra por quitarte un mal, no está acompañándote. Está vendiéndote algo.
Este es un campo sin colegios profesionales ni títulos que valgan, y eso significa que cualquiera puede abrir una cuenta y cobrar. La mayoría de la gente que trabaja en esto lo hace con cuidado. Una minoría hace daño, y hace mucho.
Estas son las señales que uso yo para saber si recomendaría a alguien.
1. Te mete miedo. «Tienes una energía muy pesada», «alguien te hizo un trabajo», «si no lo resolvemos ya, va a empeorar». El miedo es la herramienta de venta más vieja que hay. Nadie que te acompañe de verdad necesita asustarte primero.
2. Promete resultados. Que va a volver tu pareja, que te va a llegar el trabajo, que se resuelve en tres sesiones. Nadie puede prometer eso, y quien lo hace ya te dijo lo que necesitabas saber.
3. Cobra por quitarte un mal. Es el esquema clásico: primero te dicen que tienes algo encima, después te cobran por retirarlo, y el precio sube. Si aparece, cierra la conversación.
4. No pone límites. Si acepta hacer trabajo sobre una tercera persona que no ha dado su consentimiento —tu ex, tu jefe, tu cuñada—, esa persona no tiene ética, y tarde o temprano eso te va a tocar a ti.
Te dice qué no hace. Sabe distinguir entre acompañar y tratar, y te manda a un profesional cuando corresponde.
Te explica en qué consiste antes de que pagues, y responde preguntas incómodas sin ponerse a la defensiva.
Tiene una cara, un nombre y una forma de contacto que funciona. Puedes ver qué publica y desde cuándo.
No promete. Describe.
Antes de agendar, pregunta: «¿en qué casos me dirías que esto no es lo que necesito?»
Quien trabaje bien tendrá una respuesta lista, y probablemente hable de crisis, de tratamiento psicológico o de problemas que se resuelven con un abogado y no con una sesión. Quien te diga que esto sirve para todo, acaba de contestar otra cosa.